"Porque cuando la vida lo exige hay que formar parte de la leyenda de la música y la alegría la partitura está en las calles, y desde allí se continúa"
Jorge Rosemberg
AUSPICIOS
FOTOSHOP Laboratorio Fotográfico LA VIEJA ESTACION Peña - Restaurant
AUSPICIOS INSTITUCIONALES
RECTORADO SECRETARIA DE EXTENSION FACULTAD DE HUMANIDADES UNIVERSIDAD NACIONAL DE SALTA
Inauguración
El acto de inauguración será el viernes 11 de abril a las 20 horas, instancia en el cual se dará lectura a los textos aportados, la misma puede estar a cargo de los autores.
Plazos
La fecha límite de envío de los textos es el 10 de abril, aunque necesitamos disponer de textos cuanto antes, para preveer su disposición en el espacio de la sala.
Sobre los textos
Solicitamos a las/os colaboradoras/es que la extensión de los textos no supere las 400 palabras, y que en lo posible la forma de escritura sea accesible a todo público.
Las fotografías despliegan una narrativa de la memoria sobre la lucha docente y la repuesta represiva en un pasado todavía muy cercano. Las fotografías muestran imagen de cuerpos, lugares, inscripciones, miradas, sonrisas pero también evocan virulencia, broncas, violencias y otras sensibilidades que corresponden a una época. Las fotografías, ellas mismas una reflexión sobre nuestra realidad y nuestra época, nos invita a seguir pensando que es lo que ha pasado en esa lucha docente. Por que esa lucha dejó de ser sólo una reivindicación salarial para transformarse en un movimiento de resistencia contra la injusticia, la arbitrariedad, el neoliberalismo neocolonial y la opresión. Es que esas fotos muestran uno de los trazos más gruesos y sonoros de la historia colectiva del presente: la resistencia docente a las fuerzas sociales, morales, económicas y políticas dominantes en la provincia. Una resistencia que se hizo de pequeños grandes actos: de ocupar el espacio público que parecía o parece privatizado para el goce turístico; de reivindicar algo básico como un derecho de que a igual remuneración por igual tarea; o insistir en algo realmente revolucionario, que el gobierno responda a las demandas de sus ciudadanos. Y ha sido tal su poder y su critica al estado de las cosas, que desnudó al gobierno en su íntima condición: la ilegitimidad del poder basado sólo en el monopolio de la fuerza. Pero también ha mostrado que está es una sociedad profundamente injusta y desigual. Tenemos que hablar más de esta lucha, de lo que ha significado y significa, del cambio cultural que ha insinuado y de su conexión con otras experiencias de luchas recientes en la provincia como la de los pueblos indígenas. También esta lucha nos puede ayudar a entender por que otros sectores sumergidos en la provincia, desposeídos no solo de sus medios de vida sino también de sus medios de expresión, eligen o son forzados a elegir otros modos de resistencia: el silencio, la violencia auto infligida, el retraimiento o la resilencia. Las fotografías que están ahí nos cuentan una historia. Podremos reconocer que es nuestra historia? Podremos saber que significa para nosotros? Podremos cambiarla?
Walter Benjamin dice que la diferencia entre fascismo y socialismo pasa porque el primero promueve la estetización de la política en tanto el segundo, la politización del arte. Las imágenes escritas por Alejandro y Rodrigo construyen un relato (sobre acontecimientos por muchos conocidos y negados por otros tantos) que huye del procedimiento fascista e insiste, como versión de los hechos que es, en orientar nuestra mirada -a través del arte fotográfico- hacia una realidad compleja y de difícil discernimiento. Ahora bien, la memoria a la que apelan las fotos no es literal (Todorov) sino ejemplar, porque encauza el recuerdo y alecciona en referencia a la lucha docente, haciéndonos pensar en torno a lo que se juega en la educación: la vida. El título de la muestra La partitura está en las calles amén de poético moviliza semiosis múltiples, yo decido esta vez ejecutar mi lectura deteniéndome en dos fotos. La primera es de Alejandro, la fila de manifestantes sostiene la bandera argentina y la cámara, desde abajo, nos indica por un lado que la batalla se está dando para todos, porque ese paño es comunitario y su sostén nos involucra; por otro, en la lucha no cuentan las individualidades pues las bases no admiten distinción alguna. La segunda es de Rodrigo, una mujer en primer plano levanta el puño y gesticula, está sola frente a cuatro policías cuyas manos sostienen, detrás, “el palo de abollar ideologías”, diría Mafalda. Es contundente el contraste y sobran las palabras. La lección fundamental de la muestra consiste, a mi entender, en que nos incorpora a un diálogo horizontal sobre lo acontecido en esa huelga ejemplar, porque aún sin haber estado ahí, en ese momento, ahora somos parte y podemos identificarnos con ella, no hay una propiedad intransferible de la memoria ya que las fotos amplían la esfera pública al invitarnos a compartir una lectura del pasado, la de Alejandro y Rodrigo, la nuestra.
Susana A. C. Rodríguez Salta, 03 de abril de 2008
INTERROGANTES PARA ENFOCAR UNA PROTESTA
Por Mariana Godoy y Andrea Villagrán
PREGUNTAR/FOTOGRAFIAR. Las preguntas que podría plantear un analista social (llámese sociólogo, antropólogo, historiador, etc.) al momento de describir e intentar comprender una manifestación de acción colectiva, al tipo de la que estas fotografías evocan, podrían ser las siguientes: ¿Por qué protestan los que protestan? ¿Cómo protestan los que protestan? ¿Por qué protestan como protestan? ¿Cómo impacta la protesta en la sociedad que la contiene? Ahora bien, el investigador, al igual que el fotógrafo, puede pensar que una sola fotografía, ante la complejidad de la escena, no es suficiente para captar la totalidad de su sentido, en caso de que esa totalidad fuera aprehensible. Por tanto, y continuando con las metáforas visuales, nos acercamos al acontecimiento, fenómeno o escena desde diferentes ángulos, buscando dar cuenta de la complejidad desde la ubicuidad. Pero también el sociólogo o antropólogo como el fotógrafo sabe que una sola imagen es capaz de “caricaturizar”, mejor que cien fotografías diferentes, el alcance del significado de la escena. En una u otra opción el investigador, como el fotógrafo, no retrata/relata algo enteramente externo a sí mismo. En parte el conjunto de fotos -o una única-, es el resultado de una construcción en donde el propio investigador, como el fotógrafo, se proyecta hasta exteriorizar/elaborar una imagen de lo social en la que él mismo aparece estampado.
1 ¿Por qué protestan los que protestan? Una posible respuesta podría ser la siguiente. Si aceptamos que cada estructura social produce una forma más o menos concreta de acción colectiva, los llamados “repertorios” de confrontación o protesta, están relacionados con esa estructura de posibilidades o de necesidades. Así por ejemplo, los cortes de ruta se generalizan en la Argentina cuando la acción colectiva se traslada en los ‘90 hacia la desesperada lucha por recuperar la inclusión social desde el terreno del desempleo y la pobreza. Y la protesta salarial, como la del caso docente, se activa hacia 2004 en un escenario de perdida del poder adquisitivo del salario tras la salida de la convertibilidad, pero en el que también existe una relativa recuperación económica y estabilidad política. En ese contexto Salta se perfilaba como la provincia con menor presupuesto destinado a educación, con una población docente altamente significativa dentro del sector público y la cual vio reflejar, en el deterioro de sus condiciones de trabajo, la reforma del estado y la aplicación de políticas neoliberales. La protesta docente, en este marco, podría comprenderse como la expresión de los reclamos y demandas del sector ocupado y asalariado por revertir el patrón de distribución vigente en los ‘90. Sin embargo es sabido que no siempre el descontento se transforma en reclamo, y que desde éste hacía la movilización colectiva hay una distancia significativa.
2 Los estudiosos de la acción colectiva enfatizan que las condiciones de necesidad no pueden explicar por si mismas la protesta y menos su forma. Así, las deplorables condiciones laborales del taller de imprenta en París en 1730 no alcanzan para comprender la matanza de gatos que los obreros emprendieron un día, dice el historiador Robert Darnton, porque entre el padecimiento material y la rebelión media la cultura. Por eso nos preguntamos ¿Cómo protestan los que protestan? Marchar alrededor de la plaza principal, convocar a misas, escrachar a los legisladores o cortar una ruta no es producto lineal de la privación ni de decisiones puramente estratégicas en el sentido de un exclusivo cálculo “costo-beneficios”. Los que protestan aunque miden las posibilidades de sus actos, cargan con una “caja de herramientas” que ya han sido empleadas, al mismo tiempo que tienen la capacidad de innovarlas o desecharlas sobre la marcha de los acontecimientos. ¿Qué sentidos encierra ayunar, sacar las imágenes religiosas de la catedral, o caricaturizar a los políticos y funcionarios, disfrazarse de diablos, cuervos, monos, capangas, zorros, acampar en la plaza central, etc.? Las formas empleadas para disentir tienen entonces sentidos construidos en el tiempo, valores morales y afectivos que se disputan y resignifican, al fragor de la lucha, en una constante negociación con las formas sociales de aceptar y condenar. Los modos de hacer y participar reflejan tanto las historias y trayectorias personales, como las experiencias de identificación grupal y sectorial, en tanto que las formas de expresión responden a posiciones sociales y modos que son aprendizajes culturales. De esa forma los docentes salteños se deslizaban entre las “tradicionales” y legales formas de reclamar, tomadas de la larga historia de luchas sindicales en su condición de trabajadores, y asimismo recurrían a nuevos modos de protestar. Recuperadas los novedosos libretos de la memoria inmediata, en las modalidades que se vinculan a los repertorios de las organizaciones de DDHH del tipo de los escraches, o los cortes de ruta de desocupados, método instalado en el norte salteño en la última década, y las resignificadas expresiones de la cultura popular como ritmos de carnavalito y coplas que resonaban a la par de las consignas de salario digno. La lucha por la ocupación y apropiación del espacio público, que costó la brutal represión del 1º de abril de 2005, culminando en el acampe en la plaza 9 de Julio y la conquista de la recova cabildo en 2007, ilustran en gran medida que la lucha colectiva se libra también en el orden de los sentidos, es una batalla simbólica. Esta plaza, luego de ser denominada de “la dignidad docente” ya no tendría el sentido único promovido por el gobierno provincial de Romero. En el ombligo del montaje espectacular de “Salta la linda”, de la arquitectura de reminiscencia colonial, los docentes imprimieron su voz y su sentido haciendo visible lo que oculta el adoquinado, el costo social de un modelo económico excluyente y de una política de Estado que no estaba ni cerca de garantizar justicia o equidad.
3 ¿Cómo impacta la protesta en la sociedad que la contiene? ¿Qué provoca y enseña un movimiento de este tipo? Arriesgaremos aquí, algunas interpretaciones y evaluaciones acerca de este fenómeno susceptible, sin dudas, de múltiples lecturas. Podríamos reflexionar que cuando un gobierno exacerba sus mecanismos coercitivos en la pretensión de la dominación, desbalanceando los componentes simbólicos de legitimación de su accionar, dejando al desnudo las formas más represivas y violentas del ejercicio del poder, es literalmente un gobierno que está en apuros. Ya que estas prácticas de coacción ponen en evidencia la fragilidad más que la garantía de dominio, contribuyendo de ese modo a acentuar su flaqueza. Qué impacto tiene entonces la protesta en la sociedad que la ha contenido no parece ser una pregunta que pueda responderse desde supuestos empiristas. En cambio entendemos que los procesos sociales están hechos en su consistencia de formas sutiles pero reales, que se desenvuelven en el tiempo y tras una dinámica que distan mucho de responder a la unidireccional perspectiva causa-efecto. Así, aunque la protesta comenzó con una demanda muy concreta y sectorial de reivindicación salarial, el contenido, el sentido, y la dinámica de la misma fue resignificándose y mutando a la luz de la propia interna docente y de la forma que tomaban las respuestas del gobierno provincial. En la correlación de fuerzas, prácticas, actualizaciones y re-elaboraciones colectivas encontraremos sin dudas, algunas pistas para leer y entender los acontecimientos y sus alcances más allá del logro o no de los objetivos que la protesta se haya propuesto obtener. No es el éxito o el fracaso de una acción la vara para medir sus implicancias, ni podemos evaluar el triunfo de la protesta a partir de los resultados de la siguiente contienda electoral, sino más bien habría que detenerse en sus múltiples e impensados efectos, en las enseñanzas y aprendizajes. Sabemos que las estructuras de poder instituidas, tienen amplio margen para reproducirse a sí mismas, pero esto no nos habilita a dejar de sospechar y de buscar las huellas de los quiebres que las acciones de confrontación producen al interior de los grupos que las llevan a cabo y de la sociedad que los mira, aplaude o abuchea. Más bien, está en nosotros la posibilidad de reenfocar y agudizar la mirada al punto de poder ver y capturar las expresiones de estas rupturas o al menos las grietas que dejó abiertas.
4 ¿Por qué protestan como protestan? La teoría sobre acción colectiva nos dice que los actores no van a la confrontación como individuos aislados, sino bajo soportes organizacionales que actúan como condiciones de posibilidad de la protesta. En tanto en términos estratégicos como dándole a la disidencia un componente identitario; es en la marcha y movimiento de la acción colectiva que ésta va potenciando y transformando sus propias redes organizativas y marcos de percepción. Los docentes pudieron manifestarse, porque aún sobre un marcado espontaneísmo fueron capaces de organizarse. Pero ¿cuál fue la naturaleza y densidad del tejido de relaciones entre los docentes? Una estructura interna flexible, delegativa y segmentaria permitía que distintos segmentos agrupados de acuerdo a criterios como pertenencia institucional, departamental o por localidad, por área, por filiación partidaria, etc. pudieran converger o dividirse de acuerdo a la situación, dando lugar a la unidad en la diferencia. En lo concerniente al nivel organizativo el funcionamiento por fuera del gremio oficial, obligó a incorporar aprendizajes de práctica sindical que terminaron por modificar las formas mismas de entender y practicar la acción delegativa y la representación sectorial, instalando la asamblea como órgano legítimo de representación y decisión. La instrumentación de figuras como el vocero y el cuerpo de delegados que integraron la mesa de negociación con el gobierno, son la arista visible, y externa de un complejo entramado de actores. Quien mira desde afuera tiende a buscar el punto en donde la acción política se personifica, sin embargo, aunque el vocero de la asamblea, de notable carisma y capacidad de oratoria, se haya convertido en una figura emblemática durante la protesta 2007, esto no seria suficiente para hablar de liderazgo consagrado o de delegación de poder de decisión. La organización se componía de participantes diversos, distintos y desiguales, que pugnaban también por imponer su sentido a las acciones y por actuar de modo más radicalizado o menos arriesgado. La situación compleja de atribuir valoraciones disímiles a la política, posicionaba a los integrantes del colectivo bajo la consigna “no se hace política” o bien afirmando la política partidaria. La experiencia que se inaugura en 2005 ¿cuánto tiene entonces de negación y descreimiento de las formas tradicionales de entender y practicar la política? El rechazo explícito de las banderas partidarias obligó tanto a abrir nuevos horizontes de participación y ensayar canales de acción no del todo institucionalizados, como a reutilizar saberes y recursos prácticos de viejas instituciones y organizaciones. Es entonces en esa búsqueda, en la tensión descartar/reciclar, en los aciertos y tropiezos, en las diferencias y disputas internas que repelen la concentración del poder en un punto/persona y garantizan la heterogeneidad, que se irá allanando el camino para imaginar y transitar experiencias colectivas hacía la transformación social y resignificación de la participación política.
Por Andrea Villagrán y Mariana Godoy
Palabras de Ana Laura Elbirt
En una obra de arte conceptual, los artistas repartieron al público una especie de antifaz en donde el vidrio había sido suplantado por papel transparente de color rosa. Pareciera que muchos fotógrafos han hecho lo mismo con las lentes de sus cámaras. Gente oficialista, poco crítica y carente de humanidad.
Otros fotógrafos, en cambio, persisten en la compleja labor de registrar aquellos momentos que la historia de los vencedores suele dejar de lado.
Por mi parte, me quedo con los segundos.
ANA LAURA ELBIRT
La lucha docente no es solo una lucha por el salario
La lucha docente no es solo una lucha por el salario Las imágenes de los docentes que registran las distintas fotografías nos invitan a reflexionar acerca de los diversos sentidos que ha tenido aquellos acontecimientos para sus propios protagonistas. Entre los posibles significados que ha aportado la experiencia colectiva en el 2005 y 2007 es la que se refiere a los sentidos de pertenencia y solidaridad. Las referencias constantes a un “ser docentes” asociada a la de “dignidad” esta presente tanto en sus relatos sobre los acontecimientos, como así también, en la mayoría de las actividades y discursos que realizan los docentes movilizados. Las vivencias y sentimientos compartidos durante las acciones colectivas han funcionado como un elemento integrador a pesar de las diferentes trayectorias individuales de quienes participaron en la lucha. Y este hecho representa un punto que me parece importante destacar. En un momento en el que los proyectos colectivos tienen pocas o escasa importancia frente a un nuevo capitalismo, flexible y propenso a los cambios acelerados, la lucha docente tiene mucho que decirnos acerca de los lazos sociales que todavía podemos crear o recrear como comunidad. Porque su lucha ha constituido un momento que les permitió recuperar e integrar como parte de sus vivencias un sentido de comunidad recuperando un pasado a partir del cual les fue posible comprender e intentar modificar su realidad. Un maestro en la plaza decía: “el contactos con otros maestros me permitió reconocerme en el otro, conocer de su realidad, de sus angustias, en las que yo también me reconozco”. En el contexto actual –marcado por el deterioro de las condiciones laborales y salariales – las referencias a la dignidad docente como parte la lucha política que llevan adelante implicó una vuelta reflexiva sobre el pasado, pero también la búsqueda de nuevos significados a partir del cual pensarse. Es por eso que debemos pensar el conflicto docente más allá de sus demandas salariales concretas e incluirlo en un colectivo más amplio en la búsqueda por encontrar nuevas respuestas a la experiencia de ser y sentirse parte de una comunidad en un mundo que ataca las nociones de permanencia, confianza en los otros, integridad y compromiso.
Maria Eugenia Suarez
CARLOS MÜLLER
La fotografía, ese ayuda memoria que nos permite regresar cada tanto sobre los hechos pasados, registrándolos, volviéndolos y volviéndonos concientes en un eterno presente, hoy nos convoca como hecho artístico y político. Son éstas las miradas de Rodrigo Castro y de Alejandro Ahuerma sobre la realidad de una época en crisis, en la cual la justicia social y la justicia a secas no son más que una postergada expresión de deseo de la ciudadanía. Las fotografías que componen esta muestra poseen un agregado, un plus a su valía como objeto de arte: son obras surgidas en el fragor de la lucha, sin asepsia y sin falsa neutralidad. Ellas reflejan el estado de ánimo de los protagonistas; entre luces y sombras los docentes sostienen una gesta memorable y expresan en sus rostros la indignación, el abatimiento, la vigilia, el espíritu solidario, todo ello impregnado de un profundo fervor cívico; tanto que hoy podemos reconocer que comenzó entonces a cambiar la historia reciente de Salta. La historia anacrónica de esta Salta que siempre nos parece ajena, como si se tratase de una gran finca en la que los mandones deciden y los peones y puesteros sólo hacen sus tareas y agachan la cabeza. Sepamos -y las movilizaciones docentes han sido un ejemplo de ello- que a la realidad se la puede cambiar y que no hay poderes que puedan sustentarse con el argumento falaz de la gracia divina por aquellos que intentan mantener sus privilegios de clase. Esta muestra, por cierto, más allá de la indudable calidad artística, nos permite tomar conciencia de ello.
Carlos Müller
ALFABETOS / ABEL ITURRIA
Si creemos en la mano que escribe la historia, si confiamos en su método de reducción, en esa pericia para el trazo torpe, pesado y ciego, ¿habremos olvidado hace tiempo que una vez fuimos a la escuela donde, por lo general, aprendimos a leer y a escribir? Aquellas maestras se tomaron mucho tiempo, como en nuestras casas, para enseñarnos a escribir, corrigiéndonos todas las veces que hizo falta, hasta que aprendimos a escribir... ¿Aprendimos? Quizás hay algo de eso en las marchas de los docentes de todo el país que, además, exigen que ese mismo país no olvide que un docente en lucha fue asesinado por fuerzas de seguridad... Los docentes marchan, dan vueltas a la plaza, cierta escritura de la historia los ha dejado fuera como a tantos otros, esos socios siempre proscritos de los beneficios y los derrames económicos de los que escuchamos hace tanto tiempo... Hay que escribir y escribir en plural, incluir otros relatos de la vida cotidiana, decir que no se dice todo, que no se escuchan todas las voces del malestar, decirle a la historia insolente que está incompleta sin justicia, con tantas carencias. Escribir con los otros, los que trabajan y los que buscan trabajo, los que llevan los carteles, los claveles, las pancartas, los que escriben con tiza o con marcadores y hacen memoria, y recuerdan ‘La noche de las tizas’... Los que cantan, los que se emocionan, ilusionan y ríen, los que ejerciendo sus derechos hacen pública una protesta que alguna vez, quizás, nos haga preguntarnos, ¿para qué fuimos a la escuela? ¿Para qué mandamos los hijos a la escuela? Hay más de un par de cosas trastocadas y para reaprender no hay escuela... Pero hay marchas y plazas leyendo el tiempo, escribiéndole al futuro. Y docentes... Nos enseñaron que para entrar al futuro debíamos ir a la escuela pero los docentes siguen marchando. Que la educación sea obligatoria no parece implicar políticas en las que el futuro sea quien obligue a los gobiernos a resolver hoy problemas descuidados por demasiado tiempo. Los padres que no mandan los hijos a la escuela pueden ir presos, ¿y para los “representantes del pueblo de la Nación Argentina” que no mandan al futuro, qué? ¿Cuál es la historia de éste presente? Cuando nos hagamos una idea del futuro que queremos, ¿cómo continuaremos? ¿Saldremos a las plazas? ¿Dónde nos veremos? ¿Leemos? ¿Escribimos?
FEDERICO RODRIGUEZ LESCANO
Color o blanco y negro. Relatos de una realidad aguda, tratados con una mirada aguda. Eterna lente presente. Fotografías totalmente comprometidas con la lucha docente. Fotografías que describen una cruda verdad; aquella tan cercana a todos nosotros, aquella tratada desde los medios contanta distancia. Una obra visual con compromiso. Una obra donde la compenetración periodística revitaliza la memoria colectiva. La imagen como herramienta para su expresión. A días del recordatorio porla muerte de Carlos Fuentealba, un justo homenaje a la resistente lucha docente. Eterna lente presente.
Federico Rodríguez Lescano
LAS PALABRAS SOBRAN, PERO CEDO A LA TENTACION DE ESCRIBIR
Ante todo, la muestra me llega al sentimiento más que a la cabeza. A algunas las siento como una cachetada, a otras como un bálsamo. Toda lucha reúne bronca y esperanza, y las fotos son más elocuentes que mis palabras.
La protesta de los docentes prolongada y valiente, me dice muchas cosas a la vez. Me recuerda que la escuela pública sirvió para que generaciones de argentinos mejoraran sus condiciones de vida y de trabajo. Permitió el acceso a la universidad. La educación pública fue durante gran parte del siglo XX un formidable mecanismo de integración y promoción social. Se puede, claro está, criticar aspectos importantes de ella, pero es innegable que el balance es muy positivo. ¿Acaso hubiera sido posible tomar estas fotos en esa época? Y no es que crea que todo tiempo pasado fue mejor, pero la lucha de los maestros en la calle, cercados por la policía, la puerta de la Legislatura taponada de vallas apiladas, los tironeos, los carteles, los rostros,… nos muestra ineludiblemente el otro país. El país que ha resignado el proyecto de progreso que buscaba incluir a todos, y que para ello se valía de la educación. Proyecto criticable también, pero que puso en disponibilidad esa herramienta poderosa y maravillosa que es la educación. Los maestros en la calle reprimidos por la policía, nos hablan del nuevo proyecto de país, ese donde lo único que vale es el dinero, ese que propone que la sociedad argentina es de los pocos triunfadores económicos y que los demás sobran, el que por ganar más no se detiene ni ante la constatación de la destrucción de la naturaleza y de los seres humanos.
Esta muestra no sólo me muestra el país que ya no es y el que ahora es, sino que -y eso le agradezco a los maestros, pero también a Rodrigo y Alejandro-, me reaviva el sentimiento de que muchos brazos en alto crean la fuerza suficiente para pensar y actuar otro proyecto. Es un clima particular el que veo en esa primera foto que abre la galería, igual que el que crea la vela que sostiene un manifestante a un costado de la columna principal. Son ésas la que elijo guardar en mi memoria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario